Hay modelos que se diseñan para vender y otros que se diseñan para quedar en la memoria. El Fiat 500 pertenece a la segunda categoría: nació como el auto que motorizó a Italia en la posguerra y, medio siglo después, volvió convertido en un objeto de deseo urbano. Entender ese recorrido ayuda a leer con otros ojos cualquier unidad usada que aparezca en el mercado.
El 500 original: el auto que puso a Italia en movimiento
El primer Fiat 500, apodado "Topolino", se fabricó entre 1936 y 1955. Pero el 500 que todos recuerdan es el Nuova 500, presentado en julio de 1957. Tenía motor trasero de 479 cm³, apenas 2,97 metros de largo y una premisa simple: movilidad accesible para las familias italianas.
Ese formato —chico, redondo, simpático— se mantuvo en producción hasta 1975 y dejó una huella cultural que ningún otro utilitario italiano logró igualar. Cuando Fiat decidió revivir la marca a fines de los 2000, no partió de cero: partió de ese recuerdo.
El renacer de 2007: la generación que se vende en Argentina
En 2007 Fiat lanzó una reinterpretación completamente nueva del 500, con motor delantero y tracción delantera. El diseño estuvo a cargo de Frank Stephenson y tomó como punto de partida el prototipo Trepiùno de 2004, que ya anticipaba la silueta retro.
Técnicamente, esta generación se apoyó en la plataforma Fiat Mini, la misma que usaron el Panda y el Ford Ka de segunda generación (2008), fabricado junto al 500 en la planta de Tychy, Polonia. Es un dato relevante para el usuario argentino: hablamos de un auto europeo, con la solidez y también los costos de repuesto que eso implica.
En el mercado local, el 500 desembarcó en 2008 importado desde Polonia. Desde 2011 pasó a importarse desde México, lo que permitió ofrecerlo a un precio más competitivo por la exención del arancel del 35%. En esa etapa se ofreció con versiones Cult, Sport, Lounge y Cabrio, motores 1.4 de 85 CV y 1.4 MultiAir de 105 CV, y cajas manuales de 5 marchas o automáticas de 6.
La rama Abarth: cuando el 500 se puso los guantes
Abarth es la división deportiva de Fiat, y su historia con el 500 viene de lejos: en los años 50 y 60 preparaba versiones del pequeño utilitario para competencia. La marca resucitó esa tradición en la generación moderna.
En 2013 Abarth reorganizó su gama en torno al 595, con dos versiones: Turismo y Competizione. Ambas compartían el motor 1.4 T-Jet turbo de 160 CV y 230 Nm, y podían pedirse con caja robotizada MTA o manual. La diferencia pasaba por el enfoque: el Turismo apuntaba al confort, con asientos de cuero; el Competizione, al rendimiento, con butacas deportivas Sabelt.
